Muere "Cagancho", el equino -portugués- que más popularizó el Toreo a Caballo en el Mundo

Cagancho y Hermoso de Mendoza, una pareja
irrepetible, sin duda.
Fue esta madrugada cuando "Cagancho", el más famoso -y el mejor, ¡qué carajo!- caballo de rejoneo del último cuarto de siglo, dijo adiós a este mundo, en las caballerizas de la finca de Zaraputz, que Pablo Hermoso de Mendoza tiene en Navarra.
"Cagancho" era portugués. Un caballo lusitano, en origen de hierro Joao Batista, que pasó a manos del ganadero Dr. Brito Paes, quien se lo vendió a fines de 1990 a Pablo Hermoso de Mendoza, rejoneador que utilizaría este famoso equino en las plazas de toros, desde 1991 hasta el año 2002 en que plaza a plaza importante, "Cagancho" actuó en todas como despedida, con el público siempre en pie y despidiéndole como si fuese -que lo era- un artista, un torero de verdad; no en vano llevaba el nombre que llevaba, puesto por Pablo Hermoso cuando fue a Portugal a buscarlo en el inicio de la década de los 90...

Fue mítico este caballo "negro" portugués, "Cagancho", que sin duda hizo grande al gran rejoneador estellés Pablo Hermoso de Mendoza. 
ABC de Sevilla recogía, de modo muy destacado,
en aquella feria de abril de 2002, la despedida de
"Cagancho", con el público de La Maestranza
puesto en pie...
El equino sufrió el miércoles una especie de ictus que le provocó un desmayo, siendo inyectado tras desplomarse en el campo navarro, en donde paseaba libremente todas las tardes. Trasladado a los boxes de la finca navarra, donde vivía retirado desde hace años, pocas horas más sobreviviría. "Se le administró un tranquilizante y tras unos minutos, el caballo con ayuda consiguió levantarse siendo trasladado hasta su box, donde llegó con las fuerzas justas y sin visión, provocado por algún coágulo motivado por el ictus que posiblemente le afectaba". Horas después, en la madrugada de este jueves, cercana la edad de 32 años, fallecía en su box. 

Pablo Hermoso compró a “Cagancho” en una feria portuguesa a finales de 1990, cuando trataba de abrirse camino en los ruedos, como bien recordaba hace unas horas Angel G. Abad. “Era tan feo que nadie lo iba a comprar, no fue difícil adquirirlo”, y lo hizo debutar en público en la localidad alto-aragonesa de Jaca al año siguiente. Tardó sin embargo Hermoso de Mendoza en enterarse de que Cagancho era un genio en banderillas y no un caballo para entrar a matar, como pretendía el nuevo dueño español. Todo antes de aquel famoso 11 de octubre de 1994, cuando Hermoso entró en el cartel de la corrida de rejones de la Feria del Pilar en sustitución del lesionado Fermín Bohórquez y, mediante una actuación increible de "Cagancho", Hermoso de Mendoza salió catapultado a lo más alto del Torero, tras un festejo que fue retransmitido, además, en directo por TVE.
“Pablo Hermoso de Mendoza se consagra en Zaragoza figura del rejoneo” rezaba el titular de ABC, que en su crónica describía también la consagración del caballo: “Y salió Cagancho y con él llegó el delirio a los tendidos, que vibraron como hacía mucho tiempo no sucedía. Cabalgando de costado llevó como imantado en el estribo al buen toro de Bohórquez. Un par de banderillas al quiebro. La conjunción de caballo y caballero con su enemigo fue perfecta. Clavando en los medios, sin utilizar en ningún instante la ventaja de las tablas. Otro quiebro esperando al toro en el mismo platillo de la plaza y un par a dos manos que acabó por consagrar al navarro“. Aquella víspera del día del Pilar de hace 21 años, “Cagancho” y Hermoso de Mendoza comenzaron a escribir la mejor historia del rejoneo en todas las plazas del mundo.
Y es verdad, era -con el paso de los años- entrar en plaza Cagancho, con aquel supuesto suave trote cansino, un tanto cochinero -que solo lo era en inicio, nunca cuando había que apretar- y el público, al reconocerle, se ponía en pié...no aplaudía al jinete, aplaudía al caballo. Era tan querido por los públicos, que se arremolinaban antes y después de las corridas para ir a acariciarle y retratarse con aquel noble caballo lusitano, cuyo rostro transmitía bondad, cuyo extraordinario oficio taurino le había convertido en estrella.
Los que tuvimos la suerte de ver a "Cagancho" en vivo, en más de una docena de ocasiones, sabemos muy bien de lo que hablamos, de lo que disfrutamos con su toreo en banderillas, de lo que aplaudimos a jinete y caballo, en memorables faenas para el imborrable recuerdo.
32 años después de haber nacido en los campos ribatejanos, aquel caballo que se le escapó al buen ojo del Dr. Brito Paes, hasta el extremo de tenerle algo descuidado y con ciertas llagas cuando lo puso en venta; aquel caballo feote, anchote, según los entendidos de la morfología animal; aquel caballo torero que acabó siendo el más querido, el más admirado, el más soñado, el irrepetible en su formidable y peculiar estilo... aquel caballo que popularizó más que ningún otro el galope de costado, "el cabalgar a dos pistas" que decían los poco placeados comentaristas de las televisiones españolas... aquel caballo que recordó al Mundo que, por lo general, como los caballos lusitanos, casi ninguna otra raza para esto del Toreo bueno, de verdad... aquel caballo que siempre hemos recordado, con cariño, con recuerdos imborrables, nos ha dicho adiós entrada una madrugada de agosto, cuando dejó de respirar y se fue, sin aspavientos, en silencio, con el mismo estilo que tenía en plaza, donde el siempre lo daba todo y con aquel rostro tan especial parecía conformarse con nada. 
Se fue "Cagancho" galopando de costado, haciendo incluso una pirueta en la mismísima cara de la Muerte, para seguir camino en los campos del Señor, en el recuerdo imperecedero de quienes tanto disfrutamos viéndole hacer lo que tan fácil y, sin embargo, prodigiosamente hacía.

Para los que tanto amamos a Portugal y que siempre nos sentíamos orgullosos de los orígenes lusitanos de "Cagancho", de lo mucho que desde su papel de gran caballo-artista hacía recordándonos sus orígenes, hoy es un día muy triste. Pero lo grandioso que Hermoso de Mendoza y Cagancho escribieron en el gran libro de la Historia del Toreo, es algo ya imborrable, imperecedero, por mucho que la Muerte ponga fin a la Vida. Y en el caso de "Cagancho", hasta en la hora final, el caballo haya sabido irse como llegó, humilde, en silencio, sin complicar a nadie; como diría el maestro Antoñete, haciendo siempre presente la máxima del Toreo : "hacer las cosas bien".

EUGÉNIO EIROA