Las corridas de toros en la Plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela

Las corridas de toros en la Plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela

“Corridas de toros en la Plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela”, de José María Sanmartín Míguez
  • La Plaza se construía a base de talanqueras y tablados. En 1553, el carpintero Juan González la montó a cambio de una exención tributaria. Juan das Mariñas, otro empresario del ramo, también participó en estas tareas durante los primeros años taurinos de la capital gallego. En 1747, el Ayuntamiento adjudicaba el contrato al contratista Francisco Rodríguez a cambio de 176 reales.
  • Para el acondicionamiento del ruedo no solamente se allanaba el piso con arena o tierra, sino que incluso se desempedraba.
  • Hasta finales del siglo XVIII se accedía a los tendidos por invitación. A partir de entonces, las entradas empezaron a salir a la venta. El bando de 1779 anunciaba que “se hace notorio haber señalado los asientos a cada persona que quiera ver la fiesta y corrida de toros en las gradas y escaleras, a ocho reales en la platea, seis en la sombra y cuatro en el sol”.
  • El último festejo taurino celebrado en la Plaza del Obradoiro tuvo lugar en 1802. Las causas: la falta de coordialidad entre el Ayuntamiento y el Arzobispado. A partir de entonces, hubo toros en otros puntos de la ciudad: Santa Susana, Santa Isabel, El Hórreo…
  • Los festejos solían celebrarse durante las Fiestas del Apóstol, en torno al 25 de julio. El primero que se ha documentado data de 1506: se lidiaron doce toros de Gonzalo Ruzo y Alonso Bello. Esta cifra tan elevada de reses se repitió en 1545, en la celebración del año jubilar.
  • Lo habitual era un festejo anual, celebrado el 24 o 25 de julio, con la lidia de entre seis y ocho toros bravos. En ocasiones surgían problemas de organización, aunque la Universidad compostelana intervenía en estos casos, programando las corridas por su cuenta.
  • El Real Decreto de 10 de mayo de 1754 de prohibición general de corridas de toros en España no fue aplicado en Santiago. Gracias a una disposición que firmó un 16 de julio el Marqués de la Ensenada y la mediación del Arzobispado, se emitió una Real Orden que llegó a la capital gallega el 20 de julio, cuatro días antes del festejo.
  • En años posteriores, a partir de la Real Pragmática de 1785, se dieron festejos sin tercio de muerte en numerosas localidades, aunque Santiago volvió a beneficiarse de una excepción legal, una vez más gracias al Arzobispo, que dio la cara por la mayoría de aficionados que reivindicaba la lidia íntegra.
  • El ganado lidiado hasta el siglo XVIII era mayoritariamente gallego, si bien nunca se desarrollaron explotaciones de bravo, sino que se capturaba a reses fieras en zonas boscosas. A partir de 1784 se empezó a importar toros del resto del país.
  • Entre el siglo XVI y el XVII, el grueso de la lidia en Santiago y el resto de Galicia se hacía a caballo. Jinetes aficionados, ligados a la nobleza y la hidalguía, toreaban en colleras. Aunque en Navarra ya había lidia a pie y en la Baja Edad Media encontramos documentos que acreditan la existencia de matatoros profesionales, en Galicia la profesionalización no llega hasta 1707.
  • Las cuentas de los festejos de 1681 documentan las contribuciones de distintas industrias al presupuesto organizador. El gremio de los vinateros aportaba 132 reales, el de los joyeros otros 132, los carpinteros contribuían 44, la grosura dejaba 42 y los cereros ponían 22. Los toros se pagaban dependiendo del juego: en 1546, el consistorio abonó 9 blancas la libra por los buenos y seis por los mediocres.
  • Según recoge Pérez Costanti, en 1802 se paga hasta 1.000 reales por alquilar una ventana en el Palacio de Raxoi y ver desde ahí los festejos taurinos organizados en el Obradoiro. El precio era el doble de lo que se abonaba por una barrera en Madrid.
“La afición taurina en Galicia”, de José María Sanmartín Míguez
  • Durante siglos, a Plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela acogió corridas de manera habitual. La primera tuvo lugar en 1506 y se celebró en honor al Rey.
  • Muchos festejos celebrados en Compostela suponían la lidia de entre 8 y 12 reses. Desde finales del siglo XVIII, el toreo a pie se impone y el número de toros por corrida baja a entre 4 y 6.
  • Entre el s. XVI y el XVII, La Coruña articulaba las fiestas de El Rosario y de San Juan a través de las corridas de toros.
  • El primer festejo taurino documentado en La Coruña tuvo lugar en 1554. Los toros de los primeros festejos eran de ganaderos y carniceros locales como Bartolomé Xago.
  • En Pontevedra, las primeras corridas de toros documentadas se dan en mayo de 1559, conmemorando el final de la guerra con Francia.
  • A comienzos del s. XVII la Fiesta experimenta en Pontevedra un auge que, en la segunda mitad de la centuria, se ve frenado por los recelos de la cofradía de San Bartolomé.
  • En Noya, Pérez Constanti habla de festejos taurinos desde el siglo XI, aunque el primero que se ha documentado es de 1584.
  • En el caso de Lugo, la primera corrida documentada tiene lugar el día de San Juan, en 1579. En Monforte de Lemos, nos remontamos a 1619.
  • Es preciso reseñar que desde 1850 hasta la actualidad no ha habido un solo año en el que Galicia no haya celebrado espectáculos taurinos.
  • Gaceta de Galicia decía en 1910 que “en todas partes donde hay plaza de toros, allí está el filón de la riqueza, del humor y del gusto”.
  • En 1895, los articulistas antitaurinos de Galicia ya se quejaban de que se denominase Fiesta Nacional a los toros.
  • En 1957, la Plaza de Toros de Pontevedra acogió una corrida de Palha en la que se anunciaron Luis Miguel Dominguín y Antoñete. El primero declaró que “Pontevedra no es una plaza cualquiera. Torear en Pontevedra es como torear en casa, y con esa moral las cosas siempre salen bien. El público entendido y entusiasta pone mucho de su parte. Así debería ser”.
  • Antonio Díaz Cañabate dijo en 1957 “que no digan que los gallegos no entienden de toros. Aquí aplauden lo que hay que aplaudir. Más vale una plaza llena de gallegos, por pocos toros que vean al año, que la de Madrid, llena de turistas”. Casi nada.
  • Hasta la década de los 60, la suma de La Coruña y Pontevedra arrojaba cinco o seis corridas, cinco o seis novilladas y varios festejos menores. Tras el derribo del coso herculino, que tenía aún más actividad que el pontevedrés, localidades como Noya, Santiago, Sarria o Betanzos salpicaron el mapa taurino gallego con festejos puntuales.